Nefando en público.

heubnefandomonicaojeda

Recomiendo leer Nefando en un vagón de metro a las ocho de la mañana, un vagón prieto de gente digna, gente de bien, madrugadora para hacer algo productivo: becarios encorbatados con las ojeras de otra noche hasta las dos cuadrando un balance, señoras mayores oliendo a perfume viejo y vistiendo sus mejores trapos para hacer la compra, ancianitos con sus tebas y sus bastones y sus zapatos negros sin cordones, cómodos y anchos, casi ortopédicos, comprados en una zapatería de barrio. Recomiendo leer Nefando del tirón, después de haber leído Los detectives salvajes y así creerse un poco más listo al encontrar algunos parecidos: las distintas voces y acentos, la lluvia de personajes, los dibujitos de las últimas páginas. No es un libro amable, pero está lo suficientemente bien escrito como para que valga la pena. Sin embargo, una sensación oscura se ha apoderado de mí después de su lectura: a pesar de tratar asuntos tan turbios como la pedofilia, la violación, el sadismo, el incesto… Me ha dejado frio. ¿Será porque Mónica Ojeda no se moja, limitándose a encadenar escenas chocantes una detrás de otra sin ningún propósito aparente más allá del de escandalizar? ¿O será que el que tiene un problema soy yo, y el hecho de que las aberraciones de Nefando me resulten indiferentes no puede significar nada bueno? Quién sabe. De momento, Nefando se queda orgulloso en mi colección de libros, en una sección por la que siento un cariño particular, la de los escritores que tienen mi edad, los nacidos en 1988. Estúpida fraternidad generacional, que me hace leer cosas que de otro modo jamás hubieran despertado mi atención. Al menos esta vez he dado con una buena escritora que compone párrafos con esmero, editándolos cuidadosamente, procurando que tengan ritmo y belleza, que sean correctos. Y siempre da gusto leer a alguien que se toma en serio su trabajo.

 

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2 comentarios sobre “Nefando en público.

  1. No sabe vd. lo chocante que me resulta eso de leer a un autor por solidaridad generacional. Créame que a mí jamás se me había pasado por la cabeza hacer semejante cosa.

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    1. Siempre he sentido curiosidad por lo que la gente de mi edad es capaz de hacer juntando letras. Será por envidia (como expuse en mi primera entrada), pero también me da una especie de orgullo idiota ver que alguien de mi generación puede destacar en lo literario. ¿Una prueba de la vacuidad de los “millenials”? Puede ser, pero no va a hacer que deje de interesarme lo que mis compañeros del 88 tienen que decir. Gracias por el comentario, tocayo.

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