Lecturas de enero 2018 – nieve sucia, sangre y Nadia Comăneci

George Simenon

Entre mis propósitos de año nuevo estaba, cómo no, dedicarle más atención a este blog. Uno de los trucos que se me han ocurrido para aumentar el número de entradas (y con ello el numero de visitas, y con ello el número de lectores, etc.) es escribir una relación mensual de lo que voy leyendo: libros, pero también otras cosas como artículos o ensayos. La idea es dedicar publicaciones separadas a novelas más modernas, idealmente de escritores españoles e hispanoamericanos más o menos jóvenes, por lo que en estas entradas mensuales me pararé a comentar un poco más otros libros que por vergüenza o por inutilidad (quién necesita otra reseña diletante de Don Quijote) no merecen un artículo aparte. Vamos.El año empezó con Simenon, es decir, muy bien: leí el primer tercio de La nieve estaba sucia antes de las campanadas, enganchado a mi nuevo regalo de navidad (un libro electrónico) y lo terminé en el avión de regreso a Ámsterdam, terminadas las vacaciones, un tres de enero frío y tormentoso; el viento del norte amenazó con cancelar mi vuelo, pero sólo provocó un feliz retraso que me dio unas cuantas horas más para leer el libro de Simenon con calma en la T2. Y qué libro. William T. Vollmann ve muchas cosas en él: que si Chéjov, que si Camus. Y por encima de todo, una novela negra desesperanzada, mucho peor (por pesimista, por cruda) que Chandler. Corran a leerla.

Siguió el mes con más clásicos: Campo de Sangre, de Max Aub (qué grande eres, Aub), y Aura, el relato en segunda persona de Carlos Fuentes (reconozco que lo leí como preparación para Kanada del ya comentado Juan Gómez Bárcena, también en segunda persona), novela corta o cuento largo de terror escrito con mucho gusto, a pesar de que el final se vea venir a kilómetros. Tengo que leer más de este hombre, cuya entrevista en A fondo es de lo mejor que hay en YouTube.  Otro clásico algo más moderno al que también hinqué el diente, ya hacia finales de mes, fue Beautiful losers de Leonard Cohen, por lo visto postmodernismo de saldo, pero que a mí me pareció prometedor. Seguiremos informando.

Al fin terminé Las niñas prodigio de Sabina Urraca, aunque de ella hablaré en una entrada aparte (espero).

Una nota final para dos artículos que me han encendido. El primero, E Unibus Pluram de David Foster Wallace, que espero poder comentar detenidamente en otro momento. El segundo, El tiempo ha terminado: es el momento de mandar Hollywood a la mierda, de Víctor Parkas para PlayGround: sólo diré que espero que el señor Parkas y quienes comulguen con este tipo de posturas sigan así, desentendiéndose de más obras artísticas, adaptando la realidad a lo que le pasa por la cabeza, rodeándose solamente de lo que les resulte afín, aunque disfracen su decisión puritana con paletadas de ironía y supuesta irreverencia. Yo procuraré, humildemente, leer, ver y escuchar de todo. Y a ver qué tal.

Y ya está. Me aplicaré más en Febrero.

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